Obra elegidaAlfredo Jaar
Santiago de Chile, 1956
El color de nuestras vidas
¿Cómo puede responder una obra de arte a un paisaje sublime? ¿Cómo puede reflejar, articular, iluminar y dialogar con el proceso tan perfecto de elaboración de los vinos de Otazu?
Mi propuesta consiste en tres cubos de vidrio de dimensiones diversas, correspondientes a la producción de vino tinto, blanco y rosé de la viña de Otazu. Cada cubo está lleno de agua purificada libre de agentes tóxicos y, en su base, bajo la tierra, se encuentra un dispositivo de luces led controladas por un ordenador.
Desde ese dispositivo un operario podrá determinar el color exacto de cada cubo, haciéndolo corresponder al vino de la cosecha en cada momento, en toda su riqueza cromática. El sistema iluminará los cubos día y noche y creará una escultura lumínica de gran potencia visual.
Mi intención es igualar con esta obra la ciencia y la rigurosidad, pero también la sofisticación, la claridad y la perfección del proceso de elaboración de los vinos de Otazu.











