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Bienal de Arte Monumental

Fundación Otazu

Una escultura nueva en el paisaje

Cada edición, la Fundación Otazu invita a cuatro artistas contemporáneos a imaginar una obra monumental para el entorno de la bodega. Un jurado internacional elige una de ellas, que se alza sobre el terreno y se queda para siempre en la colección y en el paisaje del señorío.

2016

I Bienal de Arte Monumental

Una Bienal concebida entre el paisaje y la forma

La primera convocatoria nació de una conversación de 2014 entre Guillermo Penso, presidente de la Fundación, y el artista Carlos Cruz-Diez, y dejó fijadas las reglas del premio: cuatro artistas invitados, un rincón concreto del señorío y un jurado internacional que decide cuál de las cuatro obras llegará a alzarse.

La edición de 2016 miró al espacio que se abre entre la iglesia románica del siglo XII y la torre palomar del XIV. Imaginaron una pieza para él Per Barclay, María Loboda, Sergio Prego y Alfredo Jaar, y el jurado se quedó con la de Jaar: El color de nuestras vidas, agua, luz y cristal.

Texto de Miguel Ángel García Vega, comisario del Premio.

JuradoJoão Fernandes (presidente), Soledad Lorenzo y Aníbal Jozami.

Alfredo Jaar — El color de nuestras vidasObra elegida

Alfredo Jaar

Santiago de Chile, 1956

El color de nuestras vidas

¿Cómo puede responder una obra de arte a un paisaje sublime? ¿Cómo puede reflejar, articular, iluminar y dialogar con el proceso tan perfecto de elaboración de los vinos de Otazu?

Mi propuesta consiste en tres cubos de vidrio de dimensiones diversas, correspondientes a la producción de vino tinto, blanco y rosé de la viña de Otazu. Cada cubo está lleno de agua purificada libre de agentes tóxicos y, en su base, bajo la tierra, se encuentra un dispositivo de luces led controladas por un ordenador.

Desde ese dispositivo un operario podrá determinar el color exacto de cada cubo, haciéndolo corresponder al vino de la cosecha en cada momento, en toda su riqueza cromática. El sistema iluminará los cubos día y noche y creará una escultura lumínica de gran potencia visual.

Mi intención es igualar con esta obra la ciencia y la rigurosidad, pero también la sofisticación, la claridad y la perfección del proceso de elaboración de los vinos de Otazu.

Las otras miradas

Per Barclay — Pabellón de Cristal de Otazu

Per Barclay

Noruega, 1955

Pabellón de Cristal de Otazu

La propuesta es una estructura de acero inoxidable, una forma arcaica: una casa. La luz, de un amarillo cálido, crea un resplandeciente dibujo en la oscuridad.

El Pabellón de Cristal estará parcialmente enterrado en el suelo, como si creciera en la tierra de Otazu. La estructura de acero inoxidable va recubierta con un vidrio semitransparente: se puede ver el interior y, al mismo tiempo, a través de la escultura, el paisaje, mientras el cielo se refleja en las paredes y el techo.

Dentro, siguiendo el armazón, discurren por la estructura de acero tubos con luces led de unos tres centímetros de diámetro. La luz, de un amarillo cálido, crea un resplandeciente dibujo en la oscuridad.

María Loboda — This Work Is Dedicated to an Emperor

María Loboda

Polonia, 1979

This Work Is Dedicated to an Emperor

Propongo una intervención en el paisaje de Otazu que consiste en un bosque de coníferas que cambia de posición semanal o mensualmente. Este trabajo se encuentra entre la escultura y la performance: es una escultura en proceso de cambio, una escultura nómada.

La propuesta está inspirada en algunas citas de Macbeth, de William Shakespeare, y en un grupo de estudiantes estadounidenses de arquitectura paisajística cercanos a Garrett Eckbo (1921-2000). He preparado un esquema provisional de movimientos que cubre diez traslaciones, lo que equivaldría a diez meses o semanas.

El movimiento abarcaría, de un lado al otro, toda el área de la bodega. Cuando los árboles hayan alcanzado y conquistado el terreno, el movimiento se invertiría y volverán de nuevo al lado inicial. Los árboles deberán estar cerca unos de otros y el traslado se hará por las tardes, después de que los visitantes se hayan ido, para subrayar la maniobra autónoma y fantasmal.

Sergio Prego — Estela líquida (Sprawl)

Sergio Prego

Guipúzcoa, 1969

Estela líquida (Sprawl)

La estructura es clara: tres cilindros de hormigón armado gris claro o blanco de 40 centímetros de diámetro. El propósito es articular un lugar arquitectónicamente, respetando la identidad de la arquitectura existente y la belleza del paisaje.

Los cilindros se construyen con la técnica de encofrado de membrana flexible y miden 17,5, 20 y 22,5 metros de longitud. La intervención da entidad al espacio que existe entre los edificios con una propuesta no intrusiva que articule la ocupación y el tránsito.

La forma de los cilindros responde al propio proceso material: la presión interna que ejerce el hormigón líquido dentro del encofrado flexible. Su altura, entre 40 y 60 centímetros, permite sentarse o tumbarse sobre la superficie tersa del hormigón y, a la vez, atravesarlo o sobrepasarlo por cualquiera de sus puntos. Los brazos se despliegan desde el centro alineados en tres ejes que dividen el solar trapezoidal en otras tantas secciones desiguales.

2017–2018

II Bienal de Arte Monumental

Una Bienal para repensar el relato de un tiempo

La segunda edición planteó el premio como un relato de su época: entender el arte como una narrativa que interpreta el mundo y que, en Otazu, dialoga con un lugar donde la naturaleza y la historia llevan siglos conversando.

Los cuatro invitados recorrieron el viñedo antes de imaginar su pieza sobre un terreno concreto de la bodega: Pedro Cabrita Reis, Roman Ondak, Damián Ortega y Asier Mendizabal. El jurado se quedó con Crudo zarzo, de Mendizabal.

Texto de Miguel Ángel García Vega, comisario del Premio Bienal de Arte Monumental de la Fundación Otazu.

JuradoManuel Borja-Villel (presidente), Julieta González y Guillermo Penso.

Asier Mendizabal — Crudo zarzoObra elegida

Asier Mendizabal

Ordizia, 1973

Crudo zarzo

Propongo construir una cerca circular que sirva de encofrado para un vertido de hormigón que tome la forma de la trama de ramas y genere una textura entre lo orgánico y lo geométrico.

La escultura será en buena medida el resultado de un proceso técnico. La rudimentaria tecnología de entrelazar varas, habitualmente de avellano, para construir cercas se remonta a la noche de los tiempos y se repite en diversas culturas.

El emplazamiento de la pieza tiene como peculiaridad hacer converger dos series de líneas paralelas formadas por los viñedos plantados en rectas filas en cada uno de los campos aledaños. Esas líneas nos recuerdan que el paisaje que tendemos a naturalizar como signo esencial es, en mayor medida de lo que intuitivamente percibimos, un paisaje cultural: incluso la propia morfología de la vid es producto de una transformación cultural.

La escultura de hormigón generará, en su estructura semicilíndrica hueca, un extraño espacio interior desde el que, a través de un tubo, se podrá ver sólo una sección del paisaje que evidenciará su naturaleza geométrica.

Las otras miradas

Pedro Cabrita Reis — Un jardín para Otazu

Pedro Cabrita Reis

Lisboa, 1956

Un jardín para Otazu

En este jardín se erigen paredes de ladrillo que afirman la transformación del paisaje por el hombre. La intervención está compuesta por cuatro piezas fundamentales: la losa de hormigón, un banco, las paredes y las vides.

En un paisaje transformado por el hombre, el trazado regular de la viña domina el horizonte. Una viña es un jardín y un jardín puede ser un laberinto, un espacio contenido, un lugar de contemplación y reflexión. Sobre las paredes crecerá de forma orgánica la viña.

Sobre la losa de hormigón, asentada en el terreno, se construyen paredes de ladrillo implantadas de tal forma que creen un laberinto. Tendrán 40 centímetros de espesor y alturas que varían entre 1,20 y 1,50 metros, y se esculpirán para simular ruinas, escombros de otros tiempos. Junto a la vía se construirá un banco de ladrillos y se instalará un sistema de riego gota a gota que abastecerá a toda la viña.

Roman Ondak — El interior de una colina

Roman Ondak

Žilina, 1966

El interior de una colina

Esta escultura «negativa» ofrece una vista de la colina desde el nivel del suelo hasta sus entrañas. Para la instalación se encontraría un tocón de roble seco con raíces intactas, que sería invisible para el espectador.

La intención del proyecto es utilizar elementos locales típicos de la zona: el suelo y la forma en la que los humanos dan forma al paisaje utilizando sus recursos. En el sitio seleccionado se cavaría un pozo en forma de cono, con un círculo superior de 800 centímetros de diámetro y 400 centímetros de profundidad en su eje central. Un hoyo con esta figura alude a la forma de una colina que parece voltearse hacia arriba y hacia dentro.

Si imaginamos una colina real con un roble en la parte superior, lo que sirve como fuente conceptual para esta instalación, las raíces del árbol dentro del suelo serían invisibles para el espectador; pero, en este contexto invertido, serían la única parte visible del roble, como si se viera desde dentro.

Damián Ortega — Obelisco mimético

Damián Ortega

Ciudad de México, 1967

Obelisco mimético

Esta pieza consiste en tres obeliscos de más de seis metros de altura, expuestos en un espacio abierto. Una instalación que plantea sus preguntas y busca sus respuestas: ¿cómo intervenir en un espacio que no nos necesita?

Si bien no se sabe a ciencia cierta el origen o la función específica del obelisco, se asume que los monumentales bloques de piedra rendían culto al sol. Sus orígenes pueden rastrearse en Egipto. El evidente símbolo fálico no ha sido un secreto para nadie y también se convirtió en una pieza clave en la recomposición de los poderes del mundo: poseer o apropiarse de uno era una demostración del poderío de un gobernante, político o militar.

La reinterpretación contemporánea del poder y la sexualidad nos pone la difícil tarea de replantear la presencia, la monumentalidad y la intención de la escultura pública. Se trata de hacer un ejercicio a tres tiempos de la desaparición de un monumento: ¿cómo dejar de lado el predominio centralista y verticalista del mundo? ¿Cómo hacer de un monumento un receptor y no un impostor? ¿Cómo puede dialogar de manera más fraternal con el espacio?

2019

III Bienal de Arte Monumental

Una Bienal para repensar la relación entre la naturaleza y la cultura

La tercera edición reunió a cuatro creadores de trayectorias muy distintas en torno a una misma idea: el punto donde el tiempo, la naturaleza y la cultura convergen. Otazu les ofreció un espacio físico y ellos lo convirtieron en un terreno donde sembrar ideas.

Acudieron a la cita Íñigo Manglano-Ovalle, con la aritmética de una columna de dodecaedros; Rita McBride, con una revisión del futurismo de Marinetti; Pedro Reyes, con la divinidad mesoamericana del vino que regresa a la tierra de la que partió; y Hans-Peter Feldmann, ganador con Tiempo, un reloj semienterrado que reivindica el tiempo de la naturaleza frente al de los relojes.

Texto de Miguel Ángel García Vega, comisario del Premio Bienal de Arte Monumental de la Fundación Otazu.

JuradoManuel Borja-Villel (presidente), Gabriel Pérez-Barreiro, Guillermo Penso, Sofía Mariscal y Marilise Ilhesca Jozami.

Hans-Peter Feldmann — TiempoObra elegida

Hans-Peter Feldmann

Düsseldorf, 1941–2023

Tiempo

El hombre ha intentado a menudo describir el tiempo, para controlarlo, para comprender su significado y para interpretarlo. Podemos medirlo con calendarios, con instrumentos, pero siempre dependemos del tiempo real: del tiempo natural.

La naturaleza lo regula todo, es nuestro gran maestro. Las plantas, los frutos, muestran cada año cómo se suceden los cambios, cómo transcurre el tiempo. De esta forma, el transcurso del año puede verse claramente en los viñedos: las viñas, que una y otra vez crean nuevas hojas, dejan crecer lentamente las uvas hasta que llegan a su madurez.

Dar tiempo es la cuestión principal en el arte de la viticultura. Ningún sofisticado instrumento puede reemplazar el conocimiento del mejor viticultor para decidir cuándo es el mejor momento para cosechar las uvas; del mismo modo, sólo él sabe cuál es el óptimo proceso de fermentación de las uvas en vino. El tiempo que manejan los viticultores no es el de los relojes o los calendarios, sino el de la propia naturaleza.

La obra propuesta es una escultura: un reloj de aproximadamente 2 metros de diámetro, insertado en la tierra e inclinado. El reloj permanece siempre en la misma hora.

Las otras miradas

Íñigo Manglano-Ovalle — A Not So Private Sky

Íñigo Manglano-Ovalle

Madrid, 1961

A Not So Private Sky

«A Not So Private Sky» invita a un compromiso social con el medio ambiente, viendo el mundo como un lugar común y compartido. Esta escultura se concibe como un homenaje a todas las personas que han dedicado su vida a estudiar y analizar lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande.

Dieciséis dodecaedros se apilan uno encima del otro a una altura de 8 metros. Al apilarlos, cada componente rota ligeramente respecto al precedente, de tal modo que se crea una espiral vertical sutil. Al pie de la columna descansan cinco dodecaedros más, como si hubieran caído o estuvieran a la espera de ser colocados en la formación, y reflejan el cielo y el paisaje mientras el espectador gira en torno a ella para apreciarla.

El aspecto minimalista de la escultura oculta la complejidad de su geometría, así como ha sucedido a lo largo de la historia con los conceptos filosóficos, científicos y artísticos. La columna dibuja una línea recta del suelo al cielo, como en un intento de conectar ambas dimensiones: suelo y cielo conectados piden al espectador su compromiso, no sólo individual, sino también como miembro de un colectivo.

Rita McBride — Pizarra limpia

Rita McBride

Des Moines, 1960

Pizarra limpia

«Pizarra limpia» hace referencia al término filosófico de tabula rasa, que establece que la mente al nacer está libre de prejuicios y de parámetros. La pizarra es un material apreciado por su resistencia al fuego y al agua, y por la capacidad que nos brinda de escribir, borrar y volver a empezar.

La obra consiste en un pentágono compuesto por láminas de pizarra y cinco rieles de guía instalados en la línea del horizonte. Los rieles pertenecen a la categoría de objetos funcionales que normalmente sólo se perciben en la periferia de nuestra existencia. Éstos, no obstante, son esenciales, ya que nos permiten navegar por el mundo, seguir una trayectoria.

Con la llegada del futurismo, especialmente de la mano de Marinetti, se elevó la idea del objeto en movimiento: la velocidad y el momentum se convirtieron en sinónimo de belleza. Los objetos en movimiento no están separados del resto ni del entorno, sino que parecen fusionarse y mezclarse entre sí y con el paisaje. «Pizarra limpia» ofrece una reflexión sobre este movimiento y esta sensación de convergencia: cómo el viaje se convierte en una experiencia de la geometría y la velocidad, que es, en realidad, la estructura de nuestra propia experiencia del mundo.

Pedro Reyes — Chac Mool

Pedro Reyes

Ciudad de México, 1972

Chac Mool

Dionisio o Baco está presente en el continente europeo. Se considera que Chac Mool sería su equivalente en el continente americano. La figura reclinada siempre ha sido una figura en el arte escultórico.

El Chac Mool es una figura reclinada que parece haber bebido ya o estar esperando a que llenen su copa. Los Chac Mool aparecen numerosas veces representados en la cultura maya.

Otazu, por su relación con el mundo latinoamericano, es un paisaje ideal donde erigir una representación moderna del Chac Mool: una familia con raíces americanas celebra la llegada del Dios del vino en un país europeo. El Chac Mool parece esperar que llenen su copa para regar con buena ventura y bendiciones a los habitantes del Señorío.

2027 · Próximamente

IV Bienal de Arte Monumental

La cuarta edición se inaugurará en 2027. La obra elegida, pensada para el entorno exterior del señorío, se quedará después en la colección y en el paisaje de Otazu.

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Próximamente

Obra por desvelar

El nombre del artista y la obra elegida se darán a conocer antes de la inauguración de 2027.

Las obras elegidas en cada Bienal se quedan en Otazu, junto a más de 150 piezas de arte contemporáneo repartidas por el señorío, la bodega y el viñedo.

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