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Nos encontramos ya en el terreno de las emociones, de las sensaciones culturales e históricas que acompañan nuestro recorrido en torno al mundo del vino.


Cinco edificios singulares conforman hoy en día el Señorío y la Bodega de Otazu. Allá donde se mira hay un punto donde anclar la vista. La iglesia de San Esteban, del siglo XII, fue la primera piedra de este anfiteatro natural de gran belleza.

La Torre de Otazu, del siglo XIV, un punto más en la cadena de torres defensivas medievales que un día abundaban por toda la sierra de Etxauri y las inmediaciones de Pamplona. El Palacio Renacentista del siglo XVI y el bosque de roble devuelven el esplendor a una zona históricamente recuperada.

Los dos edificios restantes son la antigua y la nueva bodega. Una a la sombra de la otra. La bodega antigua, al más puro estilo francés, se construyó en 1840 y hoy, además de albergar la sede social de Bodega Otazu, constituye un auténtico museo del vino, un recorrido histórico por una manera franca de entender el cuidado del viñedo y la elaboración del vino.

Las extraordinarias muestras de arte contemporáneo que se encuentran en Bodega Otazu, vienen a ser de nuevo un reflejo histórico de sus orígenes.

El arte corteja al vino y viceversa. En efecto, todas estas extraordinarias obras de arte son símbolos claros de una cultura que evoluciona en uno de los parajes más bellos que se puedan conocer y reconocer, donde el vino no es uno más, pero le gusta parecerlo.




Apariciones de Bodega Otazu en libros y publicaciones